Nuestro país este año vive un nuevo proceso eleccionario, en un tenso clima político, donde nuestros representantes cuentan con bajísimos niveles de aprobación, estando en muchos casos este bordeando el 10%. La corrupción, la poca transparencia a la hora de legislar, el tráfico de influencias y el despotismo, tanto en las instituciones públicas como en nuestros representantes, son solo algunas de las problemáticas que desarrollan en la población un sentimiento de rechazo generalizado hacía los políticos y que estos, a su vez, sean vistos como representantes deshonestos y poco confiables por parte de la ciudadanía. Eso sin duda es un peligro para nuestro sistema democrático. Cuando el pueblo se desentiende de la política y se distancia de la toma de decisiones, nuestro país corre un serio peligro de ser gobernado por personajes violentos, conservadores, corruptos y motivados solo por intereses personales.

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Las recientes elecciones municipales del año pasado, muestran que de un universo electoral de 14.121.000 personas habilitadas para votar, solo lo hicieron 4.754.000 electores. Con la abstención más alta de la historia republicana, cerca del 65%, y sabiendo todos los casos de inoperancia en que muchos municipios se encuentran a raíz de administraciones poco eficientes y eficaces, y donde los municipios se transforman en cajas pagadoras de asuntos políticos, se nos hace una necesidad imperiosa poder retomar nuestra actitud cívica para manifestar nuestra opción de cambiar nuestro actual sistema.

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El caso más emblemático de como una buena administración de los gobiernos locales puede cambiar la vida de sus habitantes, es la municipalidad de Recoleta, donde el actual alcalde Daniel Jadue (PC) vino a cambiarle la cara a una comuna estigmatizada socialmente. Hace dos años hizo noticia por ser pionera en la instauración de la farmacia popular, considerando así a la salud como un derecho de primer orden. Como también fue sorpresa que en abril del año pasado, el edil anunciará la primera óptica popular en Chile. Muchas son ya las iniciativas comunales que han emergido de la comuna de Recoleta y de este modo catapultándola como una comuna insigne a imitar en los llamados “gobiernos de nuevo tipo”.

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A pesar de que nuestra comuna posee tremendos yacimientos de recursos naturales, acompañados de gigantescos ingresos a las empresas mineras, estos no se traducen en una transformación real a nuestra localidad. Hoy Tierra Amarilla, a pesar de su contribución a la economía nacional, no posee un sistema educativo de calidad, donde sus escuelas y liceos aseguren a sus estudiantes la continuidad de estudios, no posee un sistema de salud adecuado que recoja las necesidades de nuestros habitantes, no existe una voluntad política de querer transformar a nuestra comuna y darle mayores herramientas a nuestro pueblo para una mejor calidad de vida. Los y las tierraamarillanas tienen que llevar como mochila de carga a una administración municipal que, por casi cinco años, ha convertido a la municipalidad como caja pagadora de favores políticos, de despotismo, amiguismo y de corrupción, así lo indica el estudio realizado por la Tercera a base del boletín comercial de Equifax año 2016, donde el municipio de Tierra Amarilla aparece junto a otras 325 alcaldías con morosidad, como también la denuncia llevada a cabo por el Ministerio Público por malversación de fondos, por una suma de 1.200 millones de pesos. Es el propio ministerio que señala que la municipalidad carece de mecanismos de control y eficacia en los dineros públicos, de igual forma cuestiona los viajes realizados hasta el 2016 por los concejales y alcalde de la época.

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Hoy más que nunca es necesario recurrir a las urnas, manifestar nuestro rechazo generalizado a este tipo de prácticas que no contribuyen en lo absoluto para mejorar la vida de nuestra gente. El quedarnos en nuestras casas y ver como otros siguen decidiendo el Chile que un pequeño grupo de personas les acomoda sin hacer nada, es pegarse un balazo en los pies. Nuestras demandas se hacen oír en las calles, en las poblaciones y en los barrios, pero es sumamente importante que entendamos que debemos, como pueblo, disputar el poder institucional con el fin de asegurar una real representación y una administración acorde a las necesidades de nuestra localidad.

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Enrique Soto Guerrero

Estudiante de periodismo UAH